Introducción

Las plantas y las mariposas

A lo mejor puede parecer que para criar mariposas basta con aprenderse todo sobre ellas y nada más, pero lo cierto es que también es imprescindible tener bastante conocimiento sobre las plantas. Es que las orugas, dependiendo de su especie, comen tal o cual planta. A veces se alimentan de un grupo de plantas parientes entre sí, de la misma familia; otras veces comen una variedad grande de plantas, pero aun así es necesario reconocer las plantas para saber con cuáles alimentar a las orugas.

Las mariposas están asociadas así a determinadas plantas porque les representa alguna ventaja. Por ejemplo, las orugas de las mariposas espejitos (Agraulis maculosa) comen solamente hojas de pasionaria porque las sustancias amargas que tiene la planta les dan a ellas mismas un sabor amargo, y por eso los pájaros no quieren comérselas. Las pasionarias, mientras tanto, han evolucionado junto con las espejitos y tienen trucos para evitar que las orugas se las coman demasiado. Esta ventaja de ser feas para los pájaros, sin embargo, las espejitos la tienen a cambio de tener que alimentarse exclusivamente de pasionarias.

Bueno, Sherlock. A ver, ¿qué pasa si desaparecen las pasionarias? Elemental: se extinguen también las espejitos. (Aunque por el momento hay muchísima pasionaria por todas partes, así que no es algo que vaya a pasar pronto).

Precisamente, uno de los motivos por los que en las ciudades hay pocas mariposas —y de hecho cada vez menos— es que la gente no permite que las plantas que las orugas comen crezcan en las ciudades, y a veces tampoco alrededor de las ciudades. Las orugas de algunas especies de mariposa se las arreglan para comer las hojas de los árboles de las veredas: esas tienen suerte, porque en las ciudades hay bastantes de estos árboles. Pero otras especies de mariposas de esta región se alimentan, cuando son orugas, de plantas que la gente de las ciudades no cultiva. Son casi todas plantas nativas de la región, que evolucionaron junto con las mariposas de la zona a lo largo de millones de años.

De algunas mariposas hay cada vez menos, a pesar de que al principio corrieron con suerte. Por ejemplo, hace algunas décadas era fácil ver en los jardines a las mariposas del limonero (Heraclides sp.), porque, aunque nativas, sus orugas eran capaces de alimentarse de árboles exóticos que la gente tenía en sus patios y jardines, como naranjos y limoneros (originarios de Asia). Pero ahora son cada vez más raras de ver: es evidente que la gente tiene cada vez menos jardines. Y esto representa otro problema: que hay pocas flores para atraer a las mariposas.

Otra mariposa de la región, la panambí morotí o bandera argentina (Morpho epistrophus argentina), está en una situación mucho peor, porque sus orugas comen casi exclusivamente hojas de coronillo. El coronillo o coronilla (Scutia buxifolia) es un árbol nativo que crece en los montes naturales de esta zona, pero no solo nadie lo cultiva, sino que cada vez hay menos montes naturales porque son eliminados. El resultado de esto es que la panambí morotí podría extinguirse de la región. Actualmente, la única manera de ver a estas espectaculares mariposas es ir a un lugar donde todavía quede algo de monte nativo o selva marginal.

«Know, protect and plant native trees», poster released by the AOP (Asociación Ornitológica del Plata), Argentina

La movida de lo nativo

¿Cuándo empezó? ¿A fines de los años ’60? ¿O en los ’70? No sé. Igual en esa época las ideas se difundían despacio. Lo importante es que ahora hay un movimiento en favor de conservar y promover la naturaleza nativa que crece día a día. Gran parte del interés de los que adhieren a esta movida está en restaurar los ambientes naturales y cultivar plantas nativas, para devolverles el espacio que fueron perdiendo.


El valor de la naturaleza nativa

Desde hace muchos años, la gente de esta región ha preferido cultivar plantas y árboles traídos de otras regiones y países, incluso cuando solamente eran para adorno. Esto perjudica a las plantas y a los animales nativos de la región y los hace desaparecer.

La naturaleza nativa de esta región es especial porque no existe en ningún otro lugar del mundo. Además, es valiosa porque funciona bien en su conjunto: evita que haya plagas, cuida el paisaje y las costas, ataja las crecidas de los ríos, regula el clima y limpia el agua y el aire. Sin embargo, la gente la sigue destruyendo todos los días un poquito más, a veces porque no tienen idea del valor de lo que están rompiendo y otras veces para ganar dinero.

Los que destruyen la naturaleza nativa para ganar dinero deberían saber que esa destrucción hace que muchas cosas de la naturaleza empiecen a funcionar mal, y que para remediarlas hay que gastar mucho más dinero que el que ellos ganaron. En cambio, si se deja a la naturaleza nativa en buen estado, funciona sola y trae beneficios gratis. Y de yapa, es única en el mundo y es agradable de ver.

Finalmente, los que destruyen los ambientes naturales por motivos económicos o políticos también deberían tener en cuenta que las cosas bien hechas, la belleza y las cosas únicas y bien cuidadas traen dinero.