Generalidades Polilla imperial
Eacles imperialis opaca
Polilla
de la calavera
Citheronia brissotii meridionalis
Pavo real
Automeris naranja
Mariposa
de las chilcas
Rothschildia jacobaeae
Mariposa leopardo
Hypercompe indecisa
Esfinge de la vid
Eumorpha analis

Como ves, los polillones de esta especie (y subespecie) pueden ser de colores diferentes. La gama de coloraciones va desde un marrón grisáceo muy opaco hasta un amarillo deslumbrante, combinado con rojo granate en el caso de los machos. Es que cualquiera de estos colores y sus variantes intermedias sirven para hacerse pasar por una hoja caída.

Como lo más habitual es que encontremos a esta especie en forma de oruga ya crecida, voy a empezar por esa parte.

¿Por qué la oruga cruzó la vereda?

En los lugares urbanizados, las orugas de polilla imperial tienen la costumbre de alimentarse de las hojas de algunos de los árboles de hoja caduca que se ponen en las veredas. Cuando estas orugas alcanzan su tamaño máximo —unos 10 cm de largo— se les afloja el agarre del último par de patas falsas y se caen a la vereda (o tal vez se bajan de los árboles por su cuenta; no lo he visto personalmente). Una vez en el suelo empiezan a caminar en busca de un lugar donde enterrarse. Es así como en la época del año propicia, que es en primavera (a partir de octubre–noviembre) y en verano (hasta marzo) podemos encontrar alguna de estas orugas en la calle.

Por suerte son muy abundantes, porque habitualmente alguien las pisa, ya sea por error o a propósito. Si nos interesa criar una de estas orugas podemos simplemente agarrarla con la mano y llevárnosla. Durante unos segundos va a hacer un berrinche tratando de parecer feroz, pero es inofensiva.

Tratar de alimentar a una de estas orugas puede no dar resultado, porque por lo general la oruga que camina por el suelo ya no se alimenta, ni tampoco para de caminar. Esos son signos de que tenemos que ir a buscar un recipiente y algo de tierra.

En busca de la madre tierra

Bueh, eso sonó poético pero en realidad, básicamente, hay que llenar un tacho con tierra. Una caja de zapatos no tiene suficiente altura y se humedece, así que ni te molestes. El botón verde de abajo abre una ventana que te cuenta cómo hacer.

Tarde o temprano la oruga va a empezar a cavar en la tierra. Con la cabeza, como si fuera una topadora, empieza a hacer un pozo hacia abajo como si buscara el centro de la tierra. Generalmente para en un lugar cercano al fondo del recipiente.

A partir de este momento no hay forma de saber qué hace la oruga porque está bajo tierra, pero se puede deducir, juzgando por lo que veremos después, que prepara un espacio ovalado presionando y alisando la tierra a su alrededor, de manera que queda en una especie de cueva. Una vez que tiene listo el «departamentito», muda de piel, descartando la piel de oruga, con lo que se convierte en pupa. Si esperamos un tiempo prudencial después de que la oruga se haya enterrado (yo espero unos tres días, por las dudas) es posible desenterrar la pupa y observar lo que hizo. Entonces se ve que está dentro de una especie de cápsula ovoidal de barro junto con el pellejito de oruga que mudó.

En caso de desenterrar la pupa para mirarla, corresponde enterrarla de nuevo. La casita de barro suele romperse durante esta operación, pero la pupa no parece necesitarla. Personalmente trato de que me quede al menos un hemisferio de la cuevita para poder cubrir a la pupa antes de volver a echarle tierra encima, pero si la cueva se desintegra del todo no hay problema en volver a cubrir a la pupa directamente con tierra.

El reloj invisible

A partir de acá es cuestión de esperar a que la pupa que está debajo de la tierra se convierta en mariposa. ¿Y cuándo pasa eso? Depende de la estación del año. Si estamos en primavera o verano, en un mes tenemos mariposa. Pero si estamos a las puertas del otoño, en marzo o abril, es posible que la pupa prefiera esperar en la tierra hasta la primavera. Para saber cómo cuidar de una o varias pupas que permanezcan enterradas todo el invierno, dale al botón de abajo.

Para las pupas de polilla imperial que pasan el invierno durmiendo, la temporada de eclosión es en el mes de octubre, cuando la primavera ya está instalada desde hace rato. ¿Por qué tan tarde? No sé, pero pienso que como las orugas de estas mariposas comen hojas de los árboles, esperan a que estos tengan todo el follaje crecido. Al principio de la primavera los árboles de hoja caduca apenas tienen unos brotecitos.

Secretos de la noche

En fin, algún día «suena el despertador» y la pupa se abre. Alguna noche, en realidad. Porque nacen por lo general entre la medianoche y las 4 de la mañana. Aparentemente estas mariposas no quieren que las vean eclosionar. Y en efecto, nadie se entera de que hay mariposas saliendo de debajo de la tierra a las 2 de la mañana, por más que a veces ocurra en el jardín de alguien o en las cazuelas de la vereda.

Eso sí, nosotros tenemos que avivarnos y, cuando calculamos que está por nacer la mariposa, clavar en la tierra del recipiente un palito o ramita (o varios), ya que el polillón va a buscar subirse a alguna parte para extender sus alas.

En el momento de la eclosión, la pupa se abre debajo de la tierra y la mariposa cava hasta la superficie (no me pregunten cómo). Si estamos cerca del tarro en ese momento, podemos ver cómo sale de la tierra un bicho como un gusano muy gordo con patas y un par de alitas chiquitas y arrugadas, que muy apurado camina tratando de encontrar un lugar de dónde colgarse. Inmediatamente va a encontrar alguno de los palos y va a trepar hasta donde pueda llegar. Ahí se queda quieto y espera a que sus alas se extiendan. Teniendo por dónde trepar es poco probable que la mariposa vaya a parar a otra parte, pero si no sube por los palos la encontraremos por ahí cerca cuando sea de día. Tampoco es que vaya a ponerse a revolotear.

Después de la eclosión es probable que el polillón expulse algo de meconio, que en esta especie es de color café con leche. También puede que lo guarde para echárselo encima a alguien que lo moleste, así que están avisados. De todas formas este líquido no es irritante ni mancha la ropa.

La vida de un polillón: alta química

Al haber eclosionado a la madrugada y ser nocturna, a la mariposa no le quedan muchas horas de noche para irse, así que yo prefiero retenerla en casa durante ese día y liberarla recién a la noche siguiente. Es improbable, por otra parte, que el polillón quiera irse al poco rato de haber nacido. Lo más usual es que meta la cabeza «entre los hombros» y descanse. Esta posición de descanso oculta los ojos y las antenas. Cuando uno de estos bichos está por entrar en actividad, podemos darnos cuenta porque levanta las antenas y «saca» la cabeza hacia afuera, de manera que sus ojos quedan bien visibles.

Ahora ¿qué hacer con estas mariposas durante el día? En primer lugar, es inútil tratar de alimentarlas, ya que esta especie no come nada en estado adulto. Sí es perfectamente posible trasladarlas de un lado a otro, porque mientras vean luz van a permanecer adormecidas. Por el contrario, en cuanto llegue la nochecita empezarán a inquietarse y tratar de volar, especialmente los machos. Las hembras son más sedentarias.

Dado que no se alimentan, los adultos no viven una barbaridad de tiempo, pero aun así viven varios días, probablemente más de una semana. Su misión es reproducirse, pero no necesitan mucho tiempo para eso.

La hembra, para empezar, ya nace con una carga de huevitos, aunque sin fecundar. A la noche, cuando se siente tranquila, separa las alas y extiende un órgano difusor de feromonas que está en la punta de su abdomen. Esto produce un aroma imperceptible para nosotros pero irresistible para los machos de la especie. En una noche he visto que pueden llegar volando desde no se sabe dónde hasta tres pretendientes atraídos por las feromonas, y eso que estoy en una ciudad. Eso explica que estos polillones no precisen de muchos días para reproducirse: simplemente son muy eficaces.

Si liberamos un macho a la noche y no vuela inmediatamente, es posible que en poco tiempo lo haga; pero si liberamos una hembra es mucho más probable que se quede en el mismo lugar o cerca de allí, ya que confía en que los machos la encuentren. Si se produce un apareamiento de polillones en el jardín es interesante de ver, pero puede que después la hembra, antes de irse, nos deje una cantidad de huevitos fecundados sobre cualquier planta u objeto. Así que el lugar donde dejemos a las hembras dependerá de si queremos ser papás postizos de un montón de oruguitas o no. Si no queremos criar orugas, tal vez sea preferible dejar a las hembras directamente en los árboles de los que se alimentan las orugas, de manera que desoven ahí.

Perlas verdes y dragoncitos

Criar polillas imperiales desde el huevo es muy fácil. La mariposa deposita los huevitos en grupos, pegados entre sí; no sé cuántos pone en total, pero yo he juntado hasta 25 de la misma hembra (que tal vez luego haya volado más lejos y puesto más, quién sabe). Son como perlitas verdes, nacaradas, un poco aplanadas, de unos 2 mm de diámetro. En el momento del desove salen con un pegamento que hace que se adhieran a la superficie que tocan y también entre sí. Es posible, sin embargo, despegar un grupo de huevitos de donde estén pegados. Otras veces pueden haber sido depositados sobre un objeto que podamos llevarnos, como por ejemplo una hoja, y en ese caso no será necesario despegarlos.

Los huevitos no necesitan ningún cuidado especial, y eclosionan en unos 10 días. Es fácil saber cuándo están por nacer las oruguitas, porque uno o dos días antes el corion (la cáscara) empieza a ponerse transparente. Con buena vista o alguna ayuda óptica podemos ver que cada huevo contiene una oruguita prolijamente enrollada sobre sí misma. Si alguno de los huevitos sigue verde a esta altura, es porque es infértil.

Cuando nacen las oruguitas, en poco tiempo comienzan a comerse la cáscara del huevo. Un rato después de que terminen con la cáscara —ya sea que se la morfen completa o no— puede ser el momento de salir a buscarles su primera comida.

Estas orugas y otras emparentadas se alimentan preferentemente de las hojas de los árboles caducifolios; originariamente puede que comieran hojas de algún árbol nativo, como el ceibo, pero como no son estrictas con la dieta también devoran alegremente a los exóticos, como fresnos, olmos, ciruelos, robles, moreras, etc. El hecho de que en el arbolado urbano se usen bastante los árboles de su agrado explica el que dentro de la ciudad las polillas imperiales sean comunes. No son una amenaza a la salud de los árboles por el simple motivo de que libradas a su suerte no sobreviven muchas; si me preguntan, calculo que en un árbol llegarán a desarrollarse del todo tal vez tres de estas orugas como máximo.

En caso de adoptar varios huevitos u oruguitas de polilla imperial, es conveniente pensar de antemano si tenemos de dónde sacar un buen suministro continuo de hojas frescas, porque cuando las orugas son grandes comen mucho. En mi barrio, por ejemplo, hay bastantes fresnos americanos y algunos incluso tienen ramas bajas que molestan a los frentistas, así que cosechar un buen ramo de hojas todos los días es fácil.

La manera de servirle las hojas a las orugas es una cuestión de creatividad. El botón de abajo te explica el método que uso.

Estas orugas no tienden a agruparse como las de otras especies, pero conviven bien juntas. Cuando todavía son chicas reaccionan al asustarse «sentándose» todas a la vez de una manera graciosa, con las seis patitas delanteras en el aire; cuando ya son grandes pierden esta costumbre y se vuelven más panchas.

Lo mismo que las orugas de otras especies, se comen sus mudas de piel. En total hacen unas 5 mudas.

Y ya vamos llegando a la parte del ciclo que mencioné al principio: cuando las orugas ya grandes se convierten en pupas. En condiciones normales (primavera, verano) nos daremos cuenta de que están por pupar porque están enormes, ya no quieren comer y caminan mucho, buscando dónde enterrarse.

Sin embargo, en otoño pasa algo muy curioso. Las orugas que ya están grandes y caminadoras se entierran y pupan normalmente para eclosionar como mariposas en primavera; hasta ahí todo bien. Pero ¿y qué pasa con las orugas que todavía son chicas y siguen comiendo hojas?

Como habrás visto si leíste la sección sobre el ciclo de vida de las mariposas, el otoño marca el momento en que algunas especies detienen su actividad y se ve bajo qué forma pasarán el invierno. Las polillas imperiales lo pasan como pupas; hasta ahí estamos de acuerdo. Ahora, algunas mariposas que yo he visto tratan de seguir con el ciclo normalmente hasta que el frío elimina las fases que no lo soportan y dejan viva a la fase que pasará el invierno. Por ejemplo: las orugas de la monarca del sur siguen alimentándose hasta que el frío las mata, pero no mata a los adultos, que se adormecen hasta la primavera, y así la especie sobrevive al invierno.

En cambio, con las polillas imperiales pasa algo diferente: al llegar determinado momento del otoño, las orugas chicas que todavía están comiendo hojas y creciendo, en vez de insistir y seguir comiendo hasta que el frío las mate, simplemente dejan de comer y se mueren. Es como si hubiese sonado una campana que anuncia que llegan hasta ahí. Si las orugas son grandes del todo pupan normalmente; si son un poco grandes, pero no del todo, forman una pupa enana; y si son chicas o medianas, no comen más y se mueren. Esto a pesar de que nosotros sigamos suministrándoles hojas buenas.

Y la historia sigue de una manera todavía más rara: las pupas enanas no eclosionan a partir de octubre, ya pasado el invierno, como las pupas normales. Las dos que tuve eclosionaron en solo un mes, es decir que no hicieron diapausa invernal, sino un período pupal normal. Una de ellas, la más chica, no estaba bien formada, pero la otra se convirtió en una polilla imperial aparentemente perfecta, solo que «enana», y aunque la liberé, no sé cómo le habrá ido, ya que de haber podido reproducirse sus oruguitas no habrán encontrado comida al no haber hojas en los árboles. ¡Misterio, che!

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