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Uuuh… ¡tecnología de punta!

No vas a tener que romper el chanchito para poder criar algunas mariposas en casa o en el cole. En esta sección muestro algunos de los materiales que yo uso, aunque es lo que se me ocurrió, lo que tenía a mano y lo que a mí me resultó bien. Según necesidad e imaginación se pueden hacer otros inventos.

Cría en jardín

Obviamente, si disponemos de un jardín donde podamos cultivar las plantas nutricias de las orugas, o de una quinta con los árboles adecuados, podemos simplemente mantener a las orugas ahí. Sin embargo, este sistema de cría en libertad o semi–libertad tiene un par de inconvenientes, a saber:

  1. las orugas están a merced de sus depredadores;
  2. si están en un árbol o arbusto, las orugas pueden dispersarse o irse a alturas inalcanzables.

Para evitar esto, se puede rodear el conjunto de orugas con una bolsa de tul, y visitarla periódicamente para limpiarla, verificar que a las orugas les queden hojas para comer en el interior de la bolsa, etc.

El tarro (alias «el tacho»)

El tarro o frasco de cría es importante porque sirve para varias cosas:

  • para contener tierra;
  • para contener orugas que se alimentan (junto con un florero chico con las hojas que comen), y para que sus cacas no ensucien la casa;
  • para trasladar orugas y mariposas.

…Pero sirve siempre y cuando no criemos cantidades industriales de bichos.

Un frasco de los grandes de vidrio, como los que vienen con aceitunas, sirve bien, pero son mejores todavía los tarros de plástico transparente que se consiguen en los bazares baratos (tipo «todo × $2») y que están pensados para contener fideos, azúcar o yerba. Con uno de 20 cm de altura o un poco menos es suficiente.

El tarro de plástico de boca ancha tiene varias ventajas sobre el frasco grande de vidrio,a saber:

  • es más liviano;
  • es irrompible;
  • al ser de boca ancha, manipular y limpiar lo de adentro es mucho más fácil;
  • a veces pueden guardarse varios de ellos metidos unos dentro de otros.

Para encerrar insectos, las tapas de estos tachos y frascos no sirven porque impiden que circule el aire; hay que reemplazarlas por un pedazo de tela calada (tipo tul) o agujereada, que se puede sujetar a la boca del tarro con una bandita elástica. Aunque también se pueden perforar las tapas originales.

Es discutible, en el caso de los tarros de plástico, si es mejor que tengan paredes transparentes u opacas. Tal vez uno opaco podría servir para tranquilizar mariposas diurnas, ya que bloquearía el paso de la luz. Pero cuando tengo orugas prefiero que estén en una situación lo más natural posible, y eso implica que reciban la luz ambiental a través de las paredes transparentes del frasco.

Para criar mariposas a mayor escala se pueden usar contenedores plásticos todavía más grandes, pero tal vez por el mismo precio sea preferible construir una jaula de tul de una altura tal que permita meter adentro un florero o recipiente con un buen ramo de hojas para que las orugas se alimenten. Los contenedores de plástico tienden a no ser muy altos.

Tarros de emergencia o gratuitos

Si llegásemos a necesitar urgentemente un tarro —o un tarro extra cuando solo tenemos uno—, se puede recurrir a un bidón de agua vacío. Si vivimos en una zona urbanizada, un paseo por el barrio usualmente nos permitirá recolectar uno o más de estos bidones, ya usados. Lo normal es que hayan contenido únicamente agua potable, por lo que no plantean problemas de higiene. Basta con lavar la parte de afuera y enjuagar y secar la de adentro, y ya lo tenemos limpio.

El tamaño del bidón es la única cuestión de importancia. En teoría también se podrían usar las botellas de gaseosa de PET, pero tienen muy poco diámetro como para que sean realmente prácticas para todos los fines. Los bidones de agua son más anchos, pero tienen diferentes capacidades. Personalmente, después de evaluar varios, calculé que empiezan a ser útiles cuando tienen una capacidad de 5 litros, aunque son mejores los de 8 litros, que tienen un diámetro de 18 a 20 cm. La altura del bidón varía según la marca, aun cuando la capacidad sea la misma (ver foto de la derecha). En caso de poder elegir entre dos bidones de 8 litros, entonces, será preferible el más alto, que tendrá más espacio vertical para contener hojas metidas en un florero.

Para preparar un bidón, después de enjuagarlo y secarlo hay que cortar y retirar la etiqueta y la parte superior (yo usé una trincheta y demoré menos de un minuto). Después solo queda prepararle una tapa con un pedazo de tela, hacer algunos agujeros en la tela para el paso del aire y conseguir una bandita elástica o un piolín para poder sujetar la tapa de tela a la boca del bidón.

Y con eso ya está el tarro terminado. El único inconveniente que le noto a los tarros hechos con bidones es que tienen fondo convexo, como las botellas. Eso hace un poco difícil ubicar un florero adentro, aunque si solo queremos el bidón para llenarlo con tierra o para trasladar bichos, no habría problemas. (Nota: Jere Ortiz Rodolfi, de Córdoba, Argentina, me escribió para decirme que sería posible corregir este problema poniendo en el fondo del bidón un pedazo de cartón o una capa de tierra o de arena. Cierto. Personalmente le pongo más fichas a la arena, que es pesada y permite encajar un florero en ella.)

El florero

Llámese así a todo aquel recipiente que nos permita llenarlo con agua y meter ramitas con hojas adentro sin que pierda la estabilidad. Sirve para mantener frescas las hojas con que alimentamos a las orugas.

Un problema intrínseco de los floreros es que son demasiado altos, porque generalmente están hechos para que quepan en ellos los tallos largos de las flores de corte. La idea es conseguir floreros preferentemente cortos, para que cuando sea necesario se los pueda meter en un tarro sin que las ramitas con hojas que están en el florero sobresalgan mucho por la boca del tarro. Pero bueno, con un poco de paciencia y recorriendo bazares se pueden conseguir floreros más cortitos de lo habitual, tipo violeteros, o incluso cosas que no son floreros pero sirven, como las que se ven en la foto de la derecha. Los objetos que pueden funcionar como mini–floreros son interesantes para poner hojas para las oruguitas recién nacidas, que son minúsculas.

Otros objetos que pueden usarse como floreros —y que también sirven para evitar que las oruguitas recién nacidas se caigan al agua— son los envases plásticos de yogur o de mermelada, vacíos pero con su tapa. Se pone el agua adentro, y las ramitas u hojas de plantas se hacen pasar por agujeros previamente hechos en la tapa hasta que toquen el agua. La parte superior de las ramas u hojas queda a disposición de las orugas, por encima de la tapa.

Otra recomendación para conseguir buenos floreros es que sean fáciles de limpiar.

El objeto casi extinto llamado «pinchaflores»

Desde tiempo inmemorial tengo un pinchaflores en casa. Es un artefacto que se pone en el fondo de los floreros, pinchando los tallos de las flores en él para que no se caigan mucho para los costados. Es muy útil para crear los bosques de ramitas que les gustan a algunas orugas para pupar, pero el problema es que no es fácil de conseguir. Existe como insumo para armar arreglos florales o ikebana, pero no se encuentra en cualquier bazar.

Como alternativa al pinchaflores me han sugerido usar un pedazo de esponja para pinchar arreglos florales (llamado también oasis o wet foam), pero ese material es demasiado liviano en comparación y desconozco si es tóxico para las orugas o no. Aunque supongo que un buen bloque podría aguantar un bosquecito.

Otra posibilidad es crear un bosque fijo pinchando ramitas en un bloque de cerámica «sin horno» (es decir, de la que seca en frío).

Otros cachivaches útiles

Nunca se sabe qué puede haber en casa que nos sirva. Inesperadamente útiles resultaron ser estas pinzas largas que se ven a la derecha. En mi casa hay dos desde hace un tiempo y no sé si pueden conseguirse ahora; es probable que sean instrumental hospitalario viejo. Sirven para manipular cosas en el interior de un tarro cuando nuestros dedos no llegan o una mano es demasiado grande. Recuperar pedazos de hojas del fondo de un tarro, acomodar ramitas, retirar cacas de las orugas de lugares donde no deberían estar, etc., es fácil con una de estas pinzas.

Los demás materiales necesarios (o que por lo menos he usado) son:

  • tierra
  • palitos y ramitas
  • agua limpia (sin cloro)
  • rociador que pulveriza agua bien finita
  • servilletas de papel o rollo de cocina
  • pincel para suministrar agua o néctar
  • retazos de tela para hacer la tapa de los tarros
  • banditas elásticas para sujetar las tapas de tela
  • tijera para cosechar hojas (no gigantesca, para poder llevarla en un bolsillo)
  • frasco o caja pequeña para recolectar y transportar orugas y huevitos encontrados por ahí
  • etiquetas autoadhesivas y material para tomar apuntes.

Contenedores de ropa para lavar

Estos cosos sin duda pueden usarse para criar mariposas, aunque todavía no probé ninguno. Están hechos de una tela perforada que deja pasar el aire y son plegables. En los bazares chinos hay cantidad, y también se consiguen en algunas ferreterías.

A las mariposas y orugas les encanta este tipo de tela, porque sus patitas se agarran bien ahí. Suponiendo que a estos artefactos se les pudiese construir una tapa, se podrían usar como jaula de cría de orugas o de pupación de crisálidas. También se los podría usar volcados en posición horizontal, de manera que las orugas de especies que hacen crisálidas en superficies verticales encuentren paredes de tul de donde colgarse para pupar, y las que las hacen en superficies horizontales tengan un techo del mismo material de donde colgarse. Lo único que los limita es el tamaño de los agujeros del tul, porque algunas orugas chicas podrían escaparse a través de ellos.

Opciones más elaboradas

Para el que se dé maña construyendo cosas y quiera ensayar algo más complejo, una «auténtica» jaula de cría de mariposas tampoco es muy difícil de hacer. De hecho, no han cambiado mucho desde el siglo XIX. Se trata de construir una caja con paredes y techo de tul o de tela de malla. Tiene que ser de un tamaño tal que en su interior quepa el «florero» con hojas, y tiene que poder abrirse o desmontarse fácilmente para manipular lo que haya en su interior y para limpiarla.

Estas jaulas tradicionalmente llevan en su parte inferior una bandeja que se llena con tierra o arena tamizadas finitas y que recibe las cacas que van cayendo de las orugas. La bandeja es deslizable, como las de las jaulas para pájaros, de manera que es fácil retirarla hacia afuera como si fuese un cajón de escritorio, limpiarla y volverla a poner.

Se pueden construir en muchas medidas diferentes, aunque el libro del que saqué el grabado que se ve a la derecha proponía unas dimensiones palaciegas: 50 × 50 cm de base y 45 cm de altura.

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