Generalidades Monarca del sur
Danaus erippus
Espejitos
Agraulis vanillae maculosa
Enrolladora
Quinta cannae

El color de las monarcas del sur es un poco variable, así que no hay que tratar de distinguir a las hembras de los machos basándose en esa característica. Haciendo click sobre las fotos de arriba podés ver las pistas que uso yo para distinguir un sexo del otro.

Acá hay un macho y una hembra del mismo color asoleándose juntos. ¿A ver si podés distinguirlos?

De todas las mariposas del mundo, la monarca es probablemente la más conocida. Aparece en libros y en documentales. Sin embargo, las monarcas famosas de los documentales y los libros pertenecen a la especie que vive mayormente en el Hemisferio Norte, Danaus plexippus. Las nuestras son de otra especie muy parecida, Danaus erippus. Estas dos especies son parientes tan cercanas que hasta hace poco se las consideraba la misma. Se ha propuesto que tienen un antepasado común, una antigua única especie que se dividió en dos distintas cuando las mariposas del norte y del sur quedaron separadas por un evento geológico hace unos 2 millones de años.

La dieta de la asclepia

Lo mismo que sus primas del norte, las monarcas del sur dependen completamente de las plantas de la familia de las apocináceas (asclepias y similares), ya que es lo único que comen sus orugas. Así que si queremos aumentar nuestras probabilidades de encontrar monarcas en cualquiera de sus estados (huevo, oruga, crisálida o mariposa), tenemos que acercarnos a estas plantas… o traerlas hasta nosotros, cultivándolas en tierra o en maceta.

¿Por qué esta dieta tan estricta? ¿Por qué no comen pasto, hojas de árboles o lechuga? Ocurre que las plantas que comen las orugas de monarca contienen glucósidos cardíacos. Las orugas retienen estas sustancias en su cuerpo, que luego pasan a la crisálida y a la mariposa. El resultado de esto es que las monarcas son tóxicas en todas las etapas de su desarrollo. Los pájaros cazan mariposas de buena gana, pero aprenden pronto que las monarcas son muy feas e indigestas, y las dejan en paz. A la vez, el colorido tan llamativo de las orugas y mariposas de esta especie (coloración aposemática o de advertencia) ayuda a que los pájaros las distingan y las recuerden. Y funciona: es común ver a las monarcas volando a sus anchas sn que nadie las moleste.

Para saber más sobre las plantas que comen las orugas de monarca del sur, dale click al botón de abajo.

La mariposa monarca hembra desova exclusivamente sobre las plantas apocináceas, que es lo que deben comer las futuras orugas, y así es como la vida de una nueva monarca comienza siempre sobre una hoja o un pimpollo de alguna de esas plantas. Los huevitos son casi blancos, de unos 2 mm de largo y un poco menos de ancho, y con estrías a lo largo.

El principito

Habiendo encontrado uno o varios de estos huevos sobre una planta, si nos proponemos criarlos tenemos por lo menos 3 opciones:

  1. si la planta se encuentra en un jardín que visitamos seguido, dejarlos donde están y pasar de vez en cuando para ver cómo andan las oruguitas;
  2. si la planta es nuestra y está enmacetada, entrarla a la casa para más seguridad de las futuras oruguitas, y dejar que se alimenten ahí;
  3. cortar las hojas o ramitos donde están los huevos, llevarnos esas partes de la planta y ponerlas en un florero, en espera de que los huevitos se abran.

De elegir la primera opción, hay que tener en cuenta que las orugas silvestres tienen enemigos y que puede que haya bajas o desapariciones. Y en todos los casos hay que pensar de antemano si disponemos de una buena cantidad de las plantas necesarias o de una buena reserva de hojas frescas, de manera que a las orugas no se les termine la comida si llegan a morfarse todo.

Las oruguitas, a todo esto, saldrán del huevo después de poco menos de una semana a 10 días, sin que sea necesaria ninguna intervención nuestra. Al principio son blanquecinas y de unos 3 mm de largo, pero ni bien empiezan a crecer les salen rayas negras transversales, tipo cebra, mientras que su color de fondo se vuelve amarillo. También desarrollan 4 filamentos negros parecidos a antenas, que son sensitivos, y que van ubicados de a pares en los extremos de su cuerpo.

Mientras que dejar a las orugas sobre su planta natal para que se alimenten ahí no plantea problemas de organización, tenerlas sobre unas hojas metidas en un florero sí puede requerir de algo de maña para evitar que las hojas resbalen hacia adentro del florero y sumerjan a las orugas en el agua, ya que se ahogan con facilidad. Cuando en el florero hay un ramo de planta con hojas grandes y orugas ya crecidas no hay problema, pero las hojitas sueltas o con tallos finitos tienden a irse para abajo. Para evitar esto se pueden usar, en lugar de floreros propiamente dichos, tubos de ensayo y probetas. Si las hojas igual se deslizan hacia el agua del tubo, se las puede trabar con un taponcito de algodón para que se queden en el lugar y, de paso, bloqueamos el acceso al agua para que las oruguitas no puedan caerse ahí.
Otra solución es llenar de agua un vasito descartable o un envase de yogur o de mermelada vacío, perforar su tapa (o hacerle una tapa de film plástico sujeta con una bandita elástica) y pasar las ramitas u hojas a través la tapa, hasta que toquen el agua.

Si hiciera falta trasladar las oruguitas desde una hoja marchita a una fresca, se pueden colocar las hojas juntas y las oruguitas se van a pasar solas de la hoja vieja a la nueva. Si necesitamos sí o sí trasladar manualmente oruguitas muy chiquitas de un lado a otro se puede usar un pincel fino. Primero empujar suavemente a las oruguitas con el pincel y luego tratar de levantarlas de a poco. Van a estar agarradas con hilos de seda, pero con cuidado se las puede despegar de donde estuvieron y depositarlas en otro lado. Al dejarlas sobre la nueva superficie, esperar a que se sujeten bien. Estas orugas siempre ponen hilos de seda sobre las superficies por donde caminan, para no caerse.

Eso en cuanto a las precauciones para darle de comer a las orugas de monarca chiquitas. Los demás detalles sobre cómo alimentar orugas en casa te los cuenta el botón de abajo.

Orugas en piyama

En fin, son muy graciosas estas orugas amarillas a rayas negras que parecen llevar un piyama o un uniforme de preso de los de antes, pero tienen su carácter y, aunque son tranquilas, no les gusta estar amontonadas. Si se llevan por delante a otra oruga, se produce una especie de lucha a cabezazos hasta que una de ellas se aparta. A veces una oruga que descansa o espera inmóvil para hacer una muda de piel bloquea durante varias horas un lugar por donde todas las demás quieren pasar, y se arman muchas broncas. Si se está criando a las orugas en un florero, para prevenir estas situaciones —y especialmente para que las orugas que están alimentándose no molesten a las que están recién mudadas— se pueden colocar, además de las hojas y ramas comestibles, algunos palitos o ramitas de árbol que sobresalgan del conjunto. Las orugas que estén interesadas en comer pasarán de largo, mientras que las que quieran descansar o hacer una muda de piel aprovecharán esos palitos para estacionarse ahí sin ser molestadas.

La muda de piel la hacen más o menos como las orugas de otras especies: cuando la cápsula de la cabeza les va quedando chica, dejan de comer, eligen un palito apartado y se fijan a él con seda, quedándose quietas. Luego de varias horas, el piyama se rasga, la cápsula cefálica vieja se cae y la oruga «sale» de adentro de su piel vieja caminando hacia adelante. Como la piel vieja está pegada al palito, se queda en el lugar mientras la oruga avanza, hasta que sale del todo. A continuación la oruga tiene que esperar mientras su cuerpo hace algunos ajustes. A simple vista se puede ver que sus patas están un poco hinchadas y que su cabeza tiene que tomar color. Cuando se normaliza, la oruga da media vuelta y se come la piel vieja. Después de eso ya está lista para seguir comiendo asclepia hasta la siguiente muda.

No sé cuántas mudas de piel hacen estas orugas; deben ser unas 4 o 5. Es que es difícil verlas mudando; son muy discretas. Y como además se comen sus propias mudas, dejan muy pocas evidencias de que cambiaron de piel.

Excentricidades reales

Las orugas de mariposa monarca tienen algunos comportamientos curiosos. Por ejemplo:

  • Reaccionan sobresaltándose ante los ruidos fuertes. (No tendrán oídos, pero de alguna manera oyen.)
  • A veces, una oruga ya grande roe un poco la base de una hoja sin cortarla del todo, de manera que la hoja se dobla para abajo. Se supone que la oruga corta el canal principal de látex de la hoja para que esta sustancia no la moleste. Es que las asclepias producen un látex blanco y pegajoso para defenderse de los insectos.
  • Si tratamos de agarrar una oruga es raro que intente algún movimiento defensivo, pero si lo hace… se enrollará sobre sí misma y puede que escupa un poco de jugo de asclepia (¡puaj!).
  • Este es importante: si falta la comida, y a veces también si las orugas de diferentes tamaños viven amontonadas, las grandes pueden comerse a las chicas. Es un buen motivo para evitar los amontonamientos y separar las orugas muy grandes de las muy chiquitas.

Hay otra excentricidad de las orugas que podría salvar las papas en caso de que se nos termine la asclepia: como comida de emergencia, se pueden usar rodajas de calabaza. Pero esto sirve solamente para que las orugas ya grandes puedan terminar de desarrollarse y convertirse en crisálida; no es un sustituto de la asclepia.

La jota

Una oruga de monarca crece y crece hasta que un día parece quedarse pensativa durante algunas horas y luego comienza a caminar y caminar sin que la comida le interese más: es porque está buscando un lugar donde transformarse en crisálida. Para esto tiene que alejarse del sitio donde se estuvo alimentando, buscar una superficie inclinada u horizontal que le parezca buena, tejer en la parte de abajo de esa superficie una sujeción de seda, colgarse de ella y hacer una muda que la convierte en crisálida.

En caso de haber estado supervisando a un grupo de orugas en un jardín, este momento suele poner fin al entretenimiento porque las orugas se van caminando a cualquier parte. A veces es posible, un par de días después, localizar alguna crisálida colgada a varios metros de distancia en una planta u objeto.

Si, por el contrario, estuvimos criando orugas en un florero, frasco, tarro o jaula, tenemos que prestar atención al momento en que empiezan a caminar mucho y prepararles otro espacio con un conjunto de ramitas para que elijan de dónde colgarse. Estas ramitas tienen que estar en un contenedor cerrado para que las orugas no se escapen, ya que cada una estará caminando durante varias horas. Otra posibilidad es plantar las ramitas en el centro de un recipiente plano con agua, de manera que las orugas puedan recorrerlas libremente pero no bajarse de ellas e irse.

Luego de caminar durante aproximadamente un día, la oruga que está por pupar se detiene en un lugar que parece interesarle. Seguidamente empieza a tejer una sujeción de seda, parecida a un granito blanco, en la parte inferior de la superficie elegida. Cuando la termina, camina un poco hasta dejarla atrás y después retrocede con cuidado hasta enganchar el extremo posterior de su cuerpo en el granito (si se pasa de largo, lo intenta de nuevo). Después hace unos movimientos para afirmarse bien, y espera.

En este punto puede que la oruga haya empezado a ponerse un poco descolorida en algunas partes; es normal. Después de unas horas, la oruga empieza a soltar lentamente sus patitas delanteras, y eventualmente se suelta del todo y queda colgada del soporte que eligió, adoptando una posición conocida como «la J», porque precisamente se parece a esa letra (salvo que la miremos del otro lado, en cuyo caso se parecerá a una L, ¿no?).

La J va a estar en esa posición durante más o menos un día, mientras cambia ligeramente de color a medida que, por debajo de su piel, va preparándose la crisálida. He visto orugas muy apuradas que completaron todo el proceso desde la sujeción de seda hasta la J en unas pocas horas, pero lo habitual es que tarden más.

Crisálida: el frasquito de jade

La oruga en forma de J hará una muda de piel, y debajo de su piel vieja aparecerá la crisálida, que es verde. Esto vale la pena aclararlo porque en algunos libros aparece fotografiada la secuencia de la transformación en crisálida, pero aun así es difícil entender qué pasa exactamente. En realidad toda la fase de crecimiento de una mariposa se podría describir como una serie de mudas de piel, donde las dos últimas son las más espectaculares, porque en la anteúltima pasa de oruga a crisálida, y en la última, de crisálida a mariposa. Después, ya no crece ni hace más mudas.

En fin, la crisálida aparece cuando la piel de la J se rasga por la espalda, cerca de la cabeza. Debajo de esta piel hay un bicho de color verde claro, que es la crisálida. La crisálida es blanda en este momento, y se ensancha y retuerce un poco para que la piel de la J siga abriéndose y vaya subiendo. En un ratito, toda la piel de la J está arremangada y abollada en el extremo superior de la crisálida, contra la sujeción de seda. Entonces la crisálida hace algunos movimientos circulares para que el pellejito abollado se suelte y se caiga. Una vez logrado esto, la crisálida se aquieta y lentamente empieza a tomar una forma más compacta.

Lo curioso es que, si la miramos bien, ya tiene marcados los rasgos de la mariposa: las patas, las alas, las antenas, etc. Pero en este momento es blanda y se deforma fácilmente, así que no hay que tocarla. Después de un rato largo, el abdomen se le acorta, la parte de las alas se le alarga y finalmente la cascarita de afuera se le endurece. Te vas a dar cuenta porque su color cambia de un verde manzana a un verde jade. En ese momento la crisálida ya no puede moverse y se parece un poco a un jarrito con tapa. En un par de días le saldrán, además, algunos puntos dorados muy bonitos.

La crisálida no hace nada y no precisa ningún cuidado especial. Si es primavera o verano, en una semana se abrirá y de su interior saldrá la mariposa. Ya un par de días antes de ese suceso podemos calcular que está por ocurrir, porque la crisálida comienza a ponerse transparente.

Un día antes de la eclosión de la mariposa, la crisálida se vuelve totalmente transparente y podemos ver que en su interior hay una mariposa, aunque un poco comprimida. Horas antes de la eclosión, los segmentos de la crisálida que corresponden al abdomen de la mariposa se separan, como si la crisálida fuera a abrirse por ahí… pero en realidad se abrirá por la parte que corresponde a la cabeza.

¿Es crisálida o crisálido?

¿Es posible saber si la mariposa es macho o hembra ya desde el estado de crisálida? ¡Sí! Pero hay que tener buena vista o una lupa para ver bien los detalles.

Hay que mirar la parte superior de la crisálida, cerca de la sujeción de seda, justo debajo del cremáster (el palito negro). Ahí, de un lado de la crisálida, hay dos puntitos negros ordenados de manera horizontal, y debajo de estos dos puntitos hay varios anillos verdes muy juntos entre sí, que son los segmentos del abdomen de la futura mariposa.

Bueno. Si la mariposa es macho, todos los anillos estarán enteros. Pero si es hembra, uno de los anillos de arriba (el que está justo debajo de los dos puntitos negros) tendrá un corte en el centro. Mirá la foto y los diagramas de al lado y te va a quedar claro. Es un detalle muy chiquito, pero no imposible de ver.

Ah, me olvidaba. Si tus monarcas son las del norte (es decir, Danaus plexippus en lugar de Danaus erippus), este método también sirve.

Probándose las alas

La eclosión de la mariposa es difícil de presenciar, ya que toma muy poco tiempo. La mariposa, desde adentro de la crisálida, empuja con las patitas y abre el sector inferior, y muy rápidamente sale de ella y se cuelga de la crisálida misma o de su soporte. Es importante no tratar de ayudar a la mariposa a eclosionar, ya que su propio impulso de salir de la crisálida es lo que estimula su organismo y hace que sus alas se desplieguen.

Lo que sí podemos hacer para ayudar es vigilar que las alas de la mariposa no toquen ningún objeto, porque en este momento son flexibles y si quedan dobladas contra alguna cosa, una vez que termine el proceso durante el cual se extienden y endurecen, quedarán permanentemente con la forma que hayan adquirido. Si pueden desplegarse libremente no habrá inconvenientes.

Mientras sus alas se extienden, la mariposa probará un poco las partes nuevas, como las patas y la trompa (la trompa viene dividida en dos partes que deben unirse), y hará algunos ejercicios con el abdomen para que se extienda, ya que en el interior de la crisálida estaba muy comprimido. También es muy probable que expulse unas gotas de meconio, que en esta especie es de color rojo óxido.

La mariposa va a estar un tiempo con sus alas plegadas en posición de reposo. Si bien se alimenta del néctar de las flores, durante el primer día no va a necesitar alimentarse, así que no hay apuro. Se la puede liberar al día siguiente o, si está lluvioso o nublado, alimentarla en casa con néctar artificial y soltarla en un día despejado. Para saber cómo alimentar y manejar a la mariposa, dale al botón de abajo.

Otoño del monarca

Para muchas especies de mariposas, el otoño significa que su ciclo de vida sufrirá algunos cambios a fin de sobrevivir a los días más cortos y fríos. En esta región, las monarcas del sur tratan de seguir con su ciclo durante todo el tiempo posible.

En otoño, las orugas y mariposas de monarca del sur lucen más color negro: las orugas tienen rayas negras más anchas y las mariposas tienen más extendidas las áreas de color negro de sus alas. No les pregunté por qué, pero algo me dice que esto tiene que ver con que el color negro absorbe todas las longitudes de onda de la luz y por lo tanto les permite calentarse más durante las pocas horas de sol disponibles.

Las temperaturas otoñales también tienen el efecto de hacer más lento el ciclo de la monarca: las crisálidas, en vez de eclosionar en una semana, pueden demorar hasta un mes.

Sin embargo, cuando las temperaturas llegan a los 10 °C ya no son cómodas para las orugas, y los días de 0 °C las matan. Debido a esto, el ciclo de vida de la monarca del sur no continúa durante el invierno. Solamente bajo forma de mariposa son capaces de resistir el frío, así que en invierno no hay ni huevos, ni orugas, ni crisálidas de esta especie. Las mariposas invernales, por otra parte, encuentran difícil volar por las bajas temperaturas, así que se ponen en posición de descanso y esperan a la primavera. Es posible que durante los días más calentitos del invierno se despierten y vuelen un poco. En primavera las mariposas se reactivan y comienzan a aparearse y a poner huevitos de nuevo, reiniciando el ciclo.

Si el otoño nos agarra con crisálidas de monarca en casa, tenemos que estar preparados para que tarden mucho en eclosionar. Hay que hacerles la vida lo más llevadera posible y contrarrestar el clima seco de la casa rociándolas de vez en cuando con un poco de agua. Generalmente eclosionan en un mes sin problemas, aunque unas pocas veces las mariposas no consiguen salir de la crisálida con éxito (puede ser por deshidratación, agotamiento, enfermedad o simplemente que estuvieron ahí encerradas demasiado tiempo, quién sabe).

Para saber si una crisálida todavía está viva a pesar de que hayan pasado varias semanas, es fácil: si está verde, está OK, y simplemente hay que seguir esperando.

Ahora que hablamos del invierno, ya sé lo que me estás por preguntar: estas monarcas del sur ¿migran como las del norte? (La pregunta viene a cuento de que las monarcas del norte realizan en otoño una migración espectacular hacia el sur, volando desde las regiones más frías de América del Norte hasta California, México, Cuba y otros lugares más sureños, para evitar el frío extremo del invierno.)

Bueno, se sabe que las monarcas del sur migran y que pueden volar grandes distancias, pero no es algo que esté bien estudiado. Es un misterio. De todas formas, el que migren no significa que todas lo hagan, ni que se dirijan todas al mismo lugar. Es posible que solamente algunos grupos de monarcas del sur migren en otoño/invierno, y que otras se queden aletargadas en un lugar reparado hasta la primavera, pero sin migrar. Por ejemplo, en un día relativamente cálido del mes de agosto he visto monarcas del sur volando en los mismos lugares donde se crían silvestres. Es poco probable que esas mariposas hayan migrado y regresado antes de la primavera; es mucho más probable que se hayan quedado en el lugar, durmiendo en algún bosquecito, y tal vez agrupadas, como hacen las monarcas migradoras. Después de todo, en esta región no hace mucho frío en invierno.

El nombre de «monarca» para designar a estas mariposas viene de la época en que ingleses y holandeses estaban colonizando América del Norte (siglo XVII). Encontraron ahí a las monarcas del norte, mariposas que nunca habían visto en Europa, y las llamaron «monarca» por su color anaranjado, ya que el naranja es el color emblemático de la dinastía a la que pertenecía Guillermo III de Orange (1650–1702), quien fue príncipe de Orange, estatúder (‘lugarteniente’) de Holanda y rey de Inglaterra, Irlanda y Escocia.

Y así es como el color naranja de las mariposas monarca y el de las camisetas de la selección de fútbol de Holanda están relacionados.

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